Las enfermedades cardiovasculares son la causa principal de muerte en los países occidentales. Hasta hace poco se pensaba que los únicos factores de riesgo eran: colesterol alto, hipertensión arterial, diabetes y los efectos del tabaco; pero estos, en sí, no justificaban la alta incidencia de estas enfermedades en nuestra sociedad.
Por esta razón se comenzaron a investigar otros factores de riesgo, donde se pudieron clasificar a sujetos que manifestaran problemas cardiovasculares pero en los que se pudiera descartar los cuatro factores enumerados anteriormente. En los últimos años cada vez se ha puesto más interés en los niveles de Homocisteina en plasma como factor patogenético en las enfermedades cardiovasculares o tromboembólicas (infarto de miocardio, accidente cerebrovascular, enfermedad vascular periférica y trombosis).
En los años 60, al profesor de la Universidad de Harvard, Kilmer S. McCully que en aquel entonces desempeñaba labores de investigaciones sobre enfermedades hereditarias en el Hospital General de Massachussets, se encontró que un grupo de niños, de origen irlandés, presentaban síntomas de una enfermedad rara que se caracterizaba por los niveles anormalmente altos de un aminoácido llamado Homocisteína. La enfermedad presentaba síntomas de retraso mental, dislocación del cristalino en los ojos o crecimiento acelerado. En estos casos el hígado se ve incapacitado para metabolizar el exceso de homocisteina de la circulación sanguínea. Normalmente esta sustancia dañina se metaboliza al volver a transformarse en metionina, sustancia de la cual procede, y en segundo término puede convertirse en otro aminoácido azufrado llamado cisteína, fundamental para el organismo pero que en exceso es eliminado a través de la orina. Al estudiar casos de homocisteinuria McCully encontró el de un niño irlandés de 9 años, que tenía un hermano con la misma enfermedad, por lo que se reafirmaba el origen genético del padecimiento. Las arterias del niño, fallecido por un ataque cardiaco, estaban afectadas por arteriosclerosis avanzada. La circulación había sido obstruida por ateromas y coágulos de sangre. Después de estudiar todos los casos documentados hasta el momento el doctor McCully planteó una hipótesis, muy innovadora para la época: el colesterol, calcio u otras sustancias depositados en las paredes arteriales eran un signo pero no la causa de la aterosclerosis. El origen de los depósitos, sin embargo, estaría en unos anormales niveles de homocisteina. Su intuición le llevo a descubrir que todos los fallecidos de homocisteinuria presentaban deficiencia tanto de piridoxina, vitamina B6, como de ácido fólico (vitamina B9) y cianocobalamina (vitamina B12).

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